China, la segunda potencia del planeta, se está viendo diezmada por una oleada de apagones eléctricos. Las dos terceras partes de las provincias del país en las que se encuentran gran parte de sus núcleos industriales, se han visto afectadas por estos recortes provocados por el racionamiento de energía llevada a cabo por el Gobierno chino.

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Fuente: http://energiahoy.com/

La crisis ha sido consecuencia de una serie de hechos que han ido sucediéndose hasta dar lugar a la situación actual. Se podría decir que la primera causa fue la política energética establecida por el Gobierno chino, política que consistía en iniciar la descarbonización, estableciendo el año 2060 como fecha final, para dar un papel principal a las energías renovables.

La reforma se antojaba difícil de llevar a cabo a corto plazo teniendo en cuenta que el carbón representa el 70% de las fuentes energéticas del país chino.

Los límites del desarrollo de esta política energética se pudieron contemplar al agravarse la situación cuando las fuentes de energía no fueron suficientes para satisfacer a una demanda creciente por el “resurgimiento post-COVID” de la economía.

Este hecho, provocó que el carbón, fuente de energía cuyo consumo había sido reducido (pero no eliminado), volviera a ser la opción principal para suplir la alta demanda energética.

Podemos ver la gravedad del asunto y la gran dependencia del gigante asiático al carbón cuando, pese a mostrarse reticentes inicialmente, se han visto obligados a importarlo de Australia, país con el que mantienen tensiones.

Consecuencias del apagón

La crisis que se está gestando pone en peligro la economía China, traducida en un desabastecimiento de productos global como consecuencia del mal funcionamiento de las cadenas de suministros.

En caso de que esta dinámica permaneciera, acabaría afectando de lleno a la población, produciéndose problemas para adquirir productos como el papel, agua embotellada, textiles y juguetes, hasta los chips necesarios para el funcionamiento de productos eléctricos (automóviles, teléfonos, computadoras…).

Podríamos decir que la industria tecnológica acabaría siendo una de las más damnificadas en esta situación. Esto es debido a, por un lado, un aumento de la demanda de productos tecnológicos motivada por la digitalización de la población mundial durante la pandemia y, por otro lado, a la incapacidad de las fábricas tecnológicas de producir a un ritmo mayor dada la escasez de materias primas y las reducciones del suministro eléctrico.

Por ello, a pesar de que esta crisis ha afectado, hasta ahora, de manera limitada al sector tecnológico, las consecuencias podrían ser desastrosas en caso de que la situación se prorrogara hasta navidad, fecha en la que la demanda aumenta potencialmente.

De esta manera, podríamos enfrentarnos a unas Navidades en las que encontrar productos como móviles, consolas, ordenadores, y muchos más productos tecnológicos sería misión imposible.

La consecuencia última y más importante de estos acontecimientos es la estanflación, acontecimiento del cual la economía china ya muestra señales, según varios expertos.

A continuación, se muestra una gráfica en la que se observa la creciente preocupación por este fenómeno en la población china a través del recuento de veces que se ha mencionado “estanflación”.

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Fuente: www.eleconomista.es, wwww.dw.com

La estanflación, se debería a la más que probable inflación que se avecina, dada la mayúscula subida de precios, unida al estancamiento e, incluso, decrecimiento económico, que podemos observar en la gráfica siguiente.

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Fuente: www.eleconomista.es

El apagón en Europa

Ante estos acontecimientos, son varios los países europeos que contemplan la posibilidad de verse inmersos en la misma situación. Este apagón, en un mundo tan interconectado, podría provocar la ruptura de la cadena de producción provocando escasez de productos y energía.

Sin ir más lejos, el ministerio de Defensa austriaco ha dado a la población una serie de pautas ante el “más que probable apagón” que, según ellos, es un peligro real. Según la Ministra de Defensa Klaudia Tanner, la probabilidad de que este apagón ocurra en un periodo de 5 años es del 100%.

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Fuente: www.elespanol.es

Las causas de este posible apagón podrían ser muy diversas.

Estas pasarían por sobrecargas del sistema por picos de demanda, hasta fallos técnicos, que podrían verse agravados por la previamente mencionada escasez de microchips, que permiten el funcionamiento de mucha maquinaria de la cual no habría repuestos.

Otras de las posibles causas que también han favorecido esta creciente preocupación es la actual situación del suministro de energía en Europa. La mayoría de los países de Europa son dependientes energéticamente de otros Estados tales como Rusia (norte de Europa y Europa del este) y Argelia (Sur de Europa). En caso de una reducción de suministro energético (en este caso gas), se podría producir un escenario bastante similar al de China.

Las consecuencias de este apagón serían bastante graves, afectando a ámbitos tales como los transportes, la comunicación, e incluso a los servicios de salud. De igual manera, un apagón detendría repentinamente la actividad económica, provocando pérdidas millonarias en muchos sectores y pudiendo ocasionar la ruptura de la cadena de suministros mundial, como se ha comentado previamente.

Por otro lado, España goza en la actualidad de unas reservas de gas que podrían abastecer a la población unos 40 días, además de disponer de una situación geográfica privilegiada para el abastecimiento de recursos naturales para obtener energía.

Por ello, expertos como José María Yusta, especialista en Mercados energéticos, no consideran que existan razones fundadas para el alarmismo; aun así, si esta situación afectara al resto de países europeos de manera prolongada, España también conocería las consecuencias de la misma.

En definitiva, la economía mundial se encuentran en un complejo momento que podría derivar próximamente en una grave crisis energética y logística, situación muy peligrosa para una economía que aún no ha superado completamente las consecuencias del COVID-19.

Desde Strategik B&M Consulting somos conocedores del terrible efecto que estos hechos podrían tener en el tejido empresarial de nuestro entorno, dando lugar a un entorno convulso que no muchas empresas, aún debilitadas tras la pandemia, podrían soportar.

Por ello, ante esta situación recomendaríamos el desarrollo e implementación de sistemas y procesos dinámicos de control de gestión, de los cuales somos expertos, y que consideramos necesarios para proporcionar la estabilidad organizacional suficiente como para sobrellevar estas amenazas externas.

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